Sidonie: “El Fluido Garcí­a para nosotros es Sindonie 100%”

‘Vamos por el bosque, se han reunido los coyotes’ es el comienzo de El bosque, canción con la que empieza su sexto disco de estudio, El fluido Garcí­a. Aunque suene más psicodélico que sus trabajos más recientes dicen no haber abandonado nunca ese estilo, cuya Biblia para ellos es The pipes at the gates of dawn de Pink Floyd, con Syd Barrett como cantante. Sidonie vuelven con un disco propio, que suena a Sidonie y con el que estos tres chicos afincados en Barcelona buscan retar a quienes se aventuren a escucharlo. Se mostraron divertidos y cercanos y, definiéndose como ¡muy normalitos¡, hablaron de este nuevo disco, del que se notan orgullosos y con ganas de enseñárselo al público. Ya tienen algunas cosas preparadas para sus directos; para descubrirlas, en Madrid actuarán el próximo 24 de noviembre en el Teatro Circo Price.

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La fantasía del nacionalismo

[…] El nacionalismo representa un dominio privilegiado de la irrupción del goce en el campo social. A fin de cuentas, la Causa nacional no es nada más que el modo en que los sujetos de una determinada comunidad étnica organizan su goce mediante mitos nacionales. Por lo tanto, lo que está en juego en la tensión étnica es siempre la posesión de la Cosa nacional. Siempre le achacamos al “otro” un goce excesivo, quiere robarse nuestro goce (arruinando nuestro estilo de vida) y/o tiene acceso a algún goce perverso y secreto.

Debido al inicio de la tertulia de filosofía en la librería La Fugitiva, leí hace unos meses el libro El acoso de las fantasías, de Slavoj Zizek (Editorial Siglo XXI, 2010), sin fijarme demasiado en que se iba a adaptar tan bien a la actual coyuntura política en España y Cataluña.

El tema del nacionalismo siempre me ha resultado algo escabroso y polarizado, en donde apenas han tenido cabida terceras, cuartas o quintas opciones. Recuerdo únicamente las críticas exaltadas de Manuel Cruz y su apuesta intermedia por un Estado federal —ni pa’ti, ni pa’mí—, la postura más cercana a mi forma de pensar. Aunque tampoco estoy cerrada a otras, ¿por qué no escucharlas todas?

En este caminar por lo “intermedio”, por ello, no estoy ni del lado del nacionalismo catalán ni del nacionalismo español. Creo que los catalanes y todos los españoles tenemos derecho a decidir sobre nuestra forma de Estado. El problema es que los discursos nacionalistas de ambas partes, o independencia o unión, están simplificados y polarizados. El eterno “o conmigo o contra mí”.

Por eso, el análisis de Zizek sobre la “Cosa nacional” me ha parecido muy interesante. Huelga decir que su disertación se basa en los conceptos psicoanalíticos, sobre todo de Lacan.

Así, habla de que se produce una sensación de “castración” del goce, algo que el “Otro” nos quita, nos roba, eso que es nuestro y que se ve amenazado por ese Otro que es distinto a nosotros pero que, sin embargo, tiene una distinta manera de experimentar el goce. Sí, es completamente paradójico. Ellos no son nosotros, no pueden disfrutar y ser como nosotros, pero a la vez nos amenaza con cambiarnos y quitarnos lo que es nuestro, aunque sepamos que nunca vamos a poder alcanzarlo.

Si se nos pregunta cómo podemos reconocer su presencia, la única respuesta consistente es que la Cosa  [Nacional] está presente en esa elusiva entidad que llamamos “nuestro estilo de vida”. Todo lo que podemos hacer es enumerar fragmentos inconexos del modo en que nuestra comunidad organiza sus celebraciones, sus rituales de apareamiento, sus ceremonias de iniciación… en pocas palabras, todos los detalles que evidencian el modo único en que una comunidad “organiza su goce”.

A esto se añade el sentimiento de pertenencia a un grupo. “La Cosa nacional existe en tanto que los miembros de la comunidad crean en ella, es literalmente un producto de la creencia en ella misma”. En este punto, he de señalar que el libro estudia la formación de la fantasía y cómo ésta sustenta algunos conceptos normales en nuestra sociedad, como la ideología, el fetichismo, la autoridad y, en este caso, el nacionalismo.

De este modo, para Zizek, las ideas estarían sustentadas en fantasmas creados por el antagonismo y la lejanía de las comunidades étnicamente diferentes.

Desde luego, lo que desencadena esta lógica del “robo del goce” no es la realidad social inmediata de diversas comunidades étnicas conviviendo cercanamente, sino “el antagonismo inherente a estas comunidades”. Es posible tener innumerables comunidades étnicas viviendo unas con otras sin tensiones racionales (como los amish y las comunidades que los rodean en Pennsylvania); por otro lado, no hace falta un judío “real” para imputarles algún goce misterioso que nos amenaza (es un hecho bien conocido que en la Alemania nazi, el antisemitismo era más feroz en las regiones en las cuales casi no había población judía; en la actual ex Alemania del Este, el número de los cabeza-rapadas antisemitas supera al de los judíos por diez a uno). En nuestra percepción del judío “real” siempre media una estructura simbólico-ideológica que intenta contrarrestar el antagonismo social.

El último elemento para completar la fantasía sería la “falta”. Según el filósofo, por detrás de esa acusación al Otro, estaría la falta del goce, la falta de aquello que nunca hemos tenido pero que podríamos tener —y es el Otro quien nos puede privar de tenerlo—.

Lo que ocultamos, al culpar al Otro del robo de nuestro goce es el hecho traumático de que nunca poseímos lo que supuestamente nos ha sido robado: la falta (“castración”) es originaria, el goce se constituye a sí mismo como “robado”.

 

Elvas, 2 de enero de 2016

El olor a incienso de iglesia; la mezcla de lo moderno y lo antiguo; el saludo de la gente; el cuidado que tienen por lo que les rodea; el sentimiento de comunidad y su religiosidad, el respeto por las tradiciones. Eso no significa que comparta su forma de pensar, pero sí la valoro. No sé, son muchas las cosas que me encantan de Portugal.

Las fotografías están tomadas en Elvas, el 2 de enero del 2016; en una de ellas, se ve un árbol de Navidad. Se trata de una iniciativa que han realizado varias guarderías de la ciudad con materiales reciclados para adornar una de las calles comerciales.

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Inquietud, de Julia Leigh

Inquietud, Julia Leigh

Una mujer que llega a la casa de su madre desde Australia, en donde ha vivido aislada de toda su infancia; que regresa con sus dos hijos, un brazo roto y heridas físicas y psicológicas; asesinada, dice. Se encuentra con una madre indiferente, con su hermano y su cuñada, que acaban de perder a su hija durante el parto.

El libro tiene menos de 100 páginas y la inquietud es una protagonista de fondo. Las, a veces, excesivas descripciones introducen en una atmósfera de fantasmas vivientes; en una situación en la que el silencio y la narración dicen más que los propios personajes entre ellos. Párrafos cortos y cambios bruscos.

Se trata, por lo general, de una historia corta pero lenta. El ritmo es pausado, el relato transcurre en unos pocos días, aunque prácticamente no hay ninguna referencia temporal. Sí geográfica; nos encontramos en la campiña francesa, un castillo rodeado de bosques y un lago, un lugar silencioso y tranquilo, aunque cercano a un pueblo. Una pequeña sociedad, apenas presente, pero que se sitúa de fondo, con breves golpes de presión social.

Una historia descorazonadora durante prácticamente toda la narración, con un final en el que sus protagonistas desatan el pasado para comenzar un nuevo presente.

Nos falta Silvio

El lunes amanecí leyendo este artículo del periodista Íñigo Domínguez, con el título de “Bienvenidos a Italia”. Vuelvo a mencionar que ha sido, hasta septiembre, corresponsal en Roma durante 14 años.

Varias horas después, alguien que lo había compartido en Facebook al igual que yo, tenía un comentario que decía: “Nos falta Silvio”.

Y yo añado: nos faltan una tradición comunista y una tradición fascista fuertes e influyentes; nos falta ser la sede de la Iglesia Católica, metida en los mismos tejemanejes políticos que la Democracia Cristiana o comiendo en la misma mesa que la mafia; y nos falta eso, la mafia, que asesina en mitad de una celebración popular para evitar que ganen los rojos.

No creo que seamos Italia, para nuestra desgracia o para nuestra fortuna. Hace poco escuchaba a Rosa María Calaf, que fue corresponsal en Roma para TVE, decir que la política italiana es fascinante. Lo comparto totalmente. Por lo poco que sé, es enrevesada y muy interesante, pero peligrosa y sucia, en donde los asesinatos y la corrupción se esconden como si fuesen polvo bajo la alfombra. Todo desaparece o prescribe.

Tras una dictadura de 40 años, en general, España es moderada. ¿Que se ha roto el bipartidismo? Ya era hora, ¿no? De que entrase gente nueva, aunque pueda o no ser del agrado de otros, pero al fin y al cabo, gente que no lleva 30 años acomodada en el Congreso de los Diputados, ¿no?

¿De verdad es malo que haya que negociar, sentarse a hablar y ver cuáles son los puntos que puede haber en común y en desacuerdo?

En febrero de 2013, poco antes de las presidenciales en Italia, Beppe Grillo dijo que si no ganaba con mayoría absoluta, su movimiento, el 5 Estrellas, no participaría en ningún gobierno. Y así lo hizo [1]. Creo que fue uno de los mayores errores que pudo cometer porque se negó a formar una coalición con el Partido Democrático de Bersani y, por tanto, a intentar demostrar todo aquello que decía que quería hacer. Dijo ‘no’ a mostrar su potencial y a generar una confianza en la sociedad italiana. Espero que no suceda lo mismo en España.

Por una parte, no me alegro de los 122 escaños del PP. También lo he leído ya en varias ocasiones y lo comparto: se ha votado corrupción, y es muy triste. También ha desaparecido UPyD que, le pese a quien le pese, creo ha sido que de los pocos partidos en demandar a los responsables de algunas de las tramas de corrupción de los últimos años y a sus partidos.

Pero también me alegro de que, por fin, se tengan que sentar a negociar, a hablar y a discutir. A hacer algo de política y no sólo ser altos funcionarios. Me alegro de que haya acabado la mayoría absoluta del PP. Me alegro de que haya más pluralidad y de que se discuta, se hable, que haya diferencias. ¿Por qué tanto miedo a los cambios y a lo diferente?

Y si va mal, podemos volver a lo de siempre, ¿no?


[1] Aunque teóricamente el 5 Stelle ganó las elecciones generales de febrero de 2013, el Partido Democrático creó una alianza con el partido de Silvio Berlusconi, El Pueblo de la Libertad, para gobernar.

Pray for Paris – Zizek y el terrorismo

Pray for Paris

Cuando escribo esto son las 02.11 am y ya han pasado tres horas de los ¿seis? atentados acaecidos en París el 13 de noviembre de 2015. Me encuentro griposa y aturdida pero sólo puedo pensar en el libro que he leído estos días Bienvenidos al desierto de lo real, de Slavoj Zizek, centrado en los atentados del 11 de septiembre de 2011 en Nueva York. Procedo a copiar varios fragmentos que pueden invitar a la lectura del libro o a una reflexión sobre el tema, aunque quizá sea pronto; quizá aún tengamos que digerir qué está pasando.


“Apocalypse Now Redux (2000), la nueva versión más larga que Francis Ford Coppola ha hecho de su película Apocalypse Now, escenifica las coordenadas del exceso estructural del poder estatal de la forma más precisa posible. ¿No es significativo que en la figura de Kurt, el “padre primordial” freudiano —el obsceno padre-placer que no se subordina a ninguna ley simbólica, el Amo total que se atreve a enfrentarse a lo Real o al placer aterrador cara a cara— se presente no como el recuerdo de algún bárbaro pasado, sino como el resultado necesario del propio placer occidental moderno? Kurtz había sido un soldado perfecto y como tal, a través de su sobreidentificación con el sistema de poder militar, acaba convirtiéndose en un exceso que el propio sistema debe eliminar. El horizonte último de Apocalypse Now es esta idea de que el poder genera sus propios excesos, que tiene que aniquilar en una operación que se ve obligada a imitar lo que combate (la misión de Willard de matar a Kurtz no existe oficialmente, “nunca ha sucedido”, como indica el general que informa a Willard). Entramos así en el dominio de las operaciones secretas, de lo que el poder hace sin admitirlo. ¿No sucede lo mismo con las figuras presentadas hoy en día por los medios de comunicación como encarnaciones del Mal radical? ¿No es la verdad que se oculta el hecho de que Bin Laden y los talibán emergieron como parte del movimiento de guerrillas antisoviéticas apoyado por la CIA en Afganistán, y que Noriega, en Panamá, era un ex-agente de la CIA? ¿No está Estados Unidos combatiendo en todos estos casos contra sus excesos? ¿Y no es cierto que lo mismo pasó con el fascismo? El Occidente liberal tuvo que unir sus fuerzas con el comunismo para destruir su propio vástago excesivo”.


“En lugar de optar por un rápido golpe de mano, deberíamos hacer frente a algunas cuestiones difíciles de resolver: ¿qué significará la “guerra” en el siglo XXI? ¿Quiénes serán “ellos” si, como parece evidente, no son ni Estados ni bandas criminales? Aquí, no puedo resistir la tentación de evocar la oposición freudiana entre la Ley pública y su obsceno doble superego. En la misma línea, ¿no son las “organizaciones terroristas internacionales” el siniestro doble de las grandes corporaciones multinacionales, la última máquina rizomática, omnipresente, a pesar de carecer de una base territorial clara? ¿No son la forma en la que el “fundamentalismo” religioso y/o nacionalista se ajusta al capitalismo global?”


EDIT 20 de noviembre: Para ampliar, también recomiendo la lectura, traducida al español por Jorge Fernández Gonzalo, de las declaraciones que Zizek hizo tras los atentados en la redacción del Charlie Hebdo, también en París, en enero de 2015.

Aquí están las declaraciones traducidas del atentado de París del 13 de noviembre de 2015. Parte primera y parte segunda. Texto original, en inglés, aquí.

También dejo enlaces para ampliar información al respecto:

El horror de París empieza aquí: “¡Doctor Weizmann, es un niño!” (El Confidencial)

Entrevista a Ricard G. Vilanova sobre el Estado Islámico: “Se creen los elegidos” (Revista 5W)

La imagen está sacada del Instagram @jean_jullien