Nos falta Silvio

El lunes amanecí leyendo este artículo del periodista Íñigo Domínguez, con el título de “Bienvenidos a Italia”. Vuelvo a mencionar que ha sido, hasta septiembre, corresponsal en Roma durante 14 años.

Varias horas después, alguien que lo había compartido en Facebook al igual que yo, tenía un comentario que decía: “Nos falta Silvio”.

Y yo añado: nos faltan una tradición comunista y una tradición fascista fuertes e influyentes; nos falta ser la sede de la Iglesia Católica, metida en los mismos tejemanejes políticos que la Democracia Cristiana o comiendo en la misma mesa que la mafia; y nos falta eso, la mafia, que asesina en mitad de una celebración popular para evitar que ganen los rojos.

No creo que seamos Italia, para nuestra desgracia o para nuestra fortuna. Hace poco escuchaba a Rosa María Calaf, que fue corresponsal en Roma para TVE, decir que la política italiana es fascinante. Lo comparto totalmente. Por lo poco que sé, es enrevesada y muy interesante, pero peligrosa y sucia, en donde los asesinatos y la corrupción se esconden como si fuesen polvo bajo la alfombra. Todo desaparece o prescribe.

Tras una dictadura de 40 años, en general, España es moderada. ¿Que se ha roto el bipartidismo? Ya era hora, ¿no? De que entrase gente nueva, aunque pueda o no ser del agrado de otros, pero al fin y al cabo, gente que no lleva 30 años acomodada en el Congreso de los Diputados, ¿no?

¿De verdad es malo que haya que negociar, sentarse a hablar y ver cuáles son los puntos que puede haber en común y en desacuerdo?

En febrero de 2013, poco antes de las presidenciales en Italia, Beppe Grillo dijo que si no ganaba con mayoría absoluta, su movimiento, el 5 Estrellas, no participaría en ningún gobierno. Y así lo hizo [1]. Creo que fue uno de los mayores errores que pudo cometer porque se negó a formar una coalición con el Partido Democrático de Bersani y, por tanto, a intentar demostrar todo aquello que decía que quería hacer. Dijo ‘no’ a mostrar su potencial y a generar una confianza en la sociedad italiana. Espero que no suceda lo mismo en España.

Por una parte, no me alegro de los 122 escaños del PP. También lo he leído ya en varias ocasiones y lo comparto: se ha votado corrupción, y es muy triste. También ha desaparecido UPyD que, le pese a quien le pese, creo ha sido que de los pocos partidos en demandar a los responsables de algunas de las tramas de corrupción de los últimos años y a sus partidos.

Pero también me alegro de que, por fin, se tengan que sentar a negociar, a hablar y a discutir. A hacer algo de política y no sólo ser altos funcionarios. Me alegro de que haya acabado la mayoría absoluta del PP. Me alegro de que haya más pluralidad y de que se discuta, se hable, que haya diferencias. ¿Por qué tanto miedo a los cambios y a lo diferente?

Y si va mal, podemos volver a lo de siempre, ¿no?


[1] Aunque teóricamente el 5 Stelle ganó las elecciones generales de febrero de 2013, el Partido Democrático creó una alianza con el partido de Silvio Berlusconi, El Pueblo de la Libertad, para gobernar.

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