Pasolini y nuestra sociedad. Apuntes

El fascismo se mantuvo en el poder 20 años. Hace 30 que cayó. Debería estar ya olvidado o, por lo menos, desdibujado, pasado de moda, desprestigiado. Pero en sustancia no es así. Un fascismo como el de 1922-1944 ya no podría subir al poder en Italia, a menos que su ilógica ideología no se limitase a machacar con el “Orden” como concepto independiente, o incluso técnico; es decir, un “Orden” que ya no estuviese al servicio de “Dios”, la “Patria” o la “Familia” en los que ya nadie cree, sobre todo porque están unidos indisolublemente a la idea de “pobreza” (por no decir de “injusticia”).

De repente, menos de un decenio, el “hedonismo” de la sociedad consumista ha logrado que los italianos se desacostumbre a la resignación, a la idea de sacrificio, etc.: los italianos ya no están dispuesto, ni remotamente, a renunciar a la comodidad y el bienestar (por miserables que sean) alcanzados. Lo que podría prometerles un nuevo Fascismo debería ser, por lo tanto, “comodidad y bienestar” lo cual es una contradicción en los términos”. [1]

En todo lo que he leído sobre Pasolini se resalta, entre otras características, su capacidad para criticar aquello que nadie o muy pocos veían o intuían en sus años, el desarrollo de la sociedad consumista. Pier Paolo Pasolini nació en el 1922 y murió en el 1975, es decir, vivió de cerca el fascismo y, posteriormente, la modernización y transformación de la sociedad italiana, un país que pasó de vivir en la más absoluta miseria a ser un milagro económico en apenas 10 años, entre finales los años 50 y principios de los 60.

Durante este tiempo, la migración de la ciudad al campo fue un fenómeno común y que se produjo de manera rápida y violenta; las ciudades del norte, gran centro de producción en Italia, pasaron de tener el 33,2% de la población al 41,6% [2] durante esos años.

Entre 1955 y 1971, se estima que cerca de nueve millones de ciudadanos se vieron involucrados en las migraciones inter-regionales [3].

En cuanto al ámbito político, el partido de la Democrazia Cristiana gobernó desde el final del régimen de Mussolini, 1944, hasta el 1994, cuando se escindió en el Partito Popolare Italiano y el Centro Cristiano Democratico. Durante sus años de gobierno, el partido y sus miembros fueron acusados de usar a la mafia, de asesinatos y de corruptelas en general para detentar el poder. A todas estas prácticas se las englobaron dentro la “Estrategia de la tensione”; prácticas que Pasolini conoció y denunció hasta el 75, cuando fue asesinado en Ostia, zona costera cerca de Roma.

Con esto, hago un muy breve repaso a una etapa compleja de la historia italiana, en la que también se vivieron los “anni di piombo”, protestas, enfrentamientos con la policía y actos terroristas entre la izquierda y la derecha más extremas, que dejaron abierta la brecha entre lo que aún quedaba del fascismo en Italia y la nueva fuerza comunista. Esta última gozaría en estos años de una imagen positiva a los ojos de los italianos por su contribución a la lucha antifascista y la reconstrucción del país, a pesar de que esta misma fuerza acabaría actuando, en algunas ocasiones, de un modo similar a todo aquello que criticaban del fascismo mussoliniano. En este punto, recomiendo ver la película Palombella rossa de Nanni Moretti.

Por otro lado, la adhesión de la Iglesia al poder, tanto durante el fascismo de los años 30 como, posteriormente, a la democracia cristiana, produjo un periodo de separación con respecto a una sociedad cada vez más frívola y trivial que disfrutaba de sus recién adquiridos derechos y valores “hedonistas”.

Sin embargo, Pasolini vivió el cambio, el antes y el después. Yo, y muchos otros, no. Me llama mucho la atención cuando leo, como ya mencionaba antes, esos artículos en donde se dice “Pasolini ya advirtió qué iba a pasar”, en un tono catastrofista…

¿Cuántos hemos conocido esos valores tradicionales? Yo he nacido en el 1990, una época ya de capitalismo mezclado con Estado de bienestar, en la que ya se ha mezclado el conformismo con (contradigo a Pasolini) la ética del esfuerzo, del trabajo y del “sigue tus sueños, pase lo que pase”. Una época de profundas contradicciones, de mensajes incoherentes. Pero al fin y al cabo, mi época; esa frase tan conocida pero cierta: soy hija de mi tiempo.

He nacido ya en estos valores hedonistas, en la individualidad, en la rapidez, pero a la vez, en la búsqueda de la estabilidad, del miedo atroz, y a veces irracional, a separarte del grupo; en la sociedad de masa ya casi desvirtuada.

Es decir, no sé qué había antes. No puedo ser nostálgica de algo que no conocía y que no conoceré jamás. Lo único que acabaría haciendo es caer en una idealización y exigencias que no tendrían sentido.

Tampoco quiero decir con esto que las críticas de Pasolini no sirven o que sean equivocadas. Lo que quiero decir y para lo que me sirve leer a Pasolini es para preguntarme: ¿hacia dónde vamos si pensamos que todo lo que estamos haciendo está mal o está equivocado? ¿qué podemos hacer si, de repente, la vida se ha convertido en puro pragmatismo, si todo debe tener un fin; si hemos perdido la vida espiritual, también en un sentido laico?

Así que el fascismo ya no es el fascismo tradicional. Entonces, ¿qué es?

Los jóvenes de los campamentos fascistas, los jóvenes de las SAM [5], los jóvenes que secuestran a personas y ponen bombas en los trenes se llaman o son llamados “fascistas”, pero se trata de una definición puramente nominal. En realidad son absolutamente idénticos a la gran mayoría de sus contemporáneos. No hay nada que los distinga, repito, ni en lo cultural, ni en lo psicológico ni en lo somático. Solamente una “decisión” abstracta y apriorística que para darse a conocer se tiene que declarar. [5]


[1] Fragmento de ‘Escritos corsarios’, junio 1975.

[2] Cifras recogidas en la Wikipedia.

[3] Texto extraído de la entrada sobre el milagro económico en Italia de la Wikipedia.

[4] De ‘Escritos corsarios’.

[5] Squadre d’Azione Musolini es el nombre de dos organizaciones, distintas, de inspiración fascistas nacidas tras la Segunda Guerra Mundial.

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