De periodismo y aviones II

Primera parte, en este enlace.


Poco antes de que el presidente termine de hablar, un famoso dúo de flamenco comienza a dar un pequeño concierto a los presentes. Así que el último minuto y medio de la grabación lo doy totalmente por perdido.

Me alejo del jaleo y vuelvo a mi asiento, en donde está mi compañero. Se acercan otros periodistas y comentamos entre todos lo que ha dicho, entresacamos lo más novedoso y cada uno en su mente comienza a plantear el hilo conductor de la noticia. Ya tenemos toda la información que podríamos sacar.

Nos sentamos y por las pantallas nos anuncian que estamos llegando a Salamanca, aunque primero descenderemos en el aeropuerto. “Queremos darles una sorpresa”, nos avisan, y nos indican que nos pongamos el cinturón. En pie sólo quedan los auxiliares de vuelo, que se dedican a recoger las servilletas y los vasos usados.

Comienza el descenso sobre el aeropuerto, poco a poco. Yo miro a mi compañero, que se sienta a mi derecha, y pregunto con un gesto a mi compañero por lo que va a pasar. Por supuesto, no tiene ni idea.

En cuestión de segundos, bajamos a la pista, rozamos el suelo y ascendemos de nuevo. Y así, una segunda vez, a ras de suelo para despegar al instante siguiente. Comienzo a marearme, los azafatos tienen que agarrarse a los asientos para no caerse a la vez que tratan de no derramar la basura que acaban de recoger. “Nunca había vivido una maniobra así con un avión tan grande”, comenta una de las auxiliares.

La siguiente parada en el itinerario es la visita aérea a Salamanca. Pasados unos minutos, nos permiten levantarnos de nuevo lo que conlleva que vuelva el jaleo en ambos pasillos. Más bebida y ruido, risas, la gente que habla muy alto.

El avión comienza a dar vueltas y nos indican que podemos acercarnos a las ventanas porque ya se ve la ciudad. Los pasajeros se abalanzan y yo, tímidamente, me asomo desde el pasillo. Veo la catedral y poco más, mientras el avión se prepara para dar otra vuelta más, por ambos lados de la ciudad.

Me vuelvo de nuevo a mi asiento y empiezo de nuevo a hablar con el resto de periodistas menos interesados en ver la ciudad. No recuerdo cómo surge pero mi compañero, el que se sienta justo a mi lado y el que más experiencia tiene de todos, me propone ir a la cabina. “¿No has estado nunca? Eso se arregla enseguida?”.

La mayoría de los invitados están en la zona de medios, que conecta con la clase ‘business’ y que nos conduce a la cabina. Así que, mi compañero toma la delantera mientras yo trato de hacerme un hueco entre la gente, de molestar lo menos posible pero buscando que se aparten. Hay un camino obstruido, demasiada gente, así que tengo que retroceder, cruzar la fila central de asientos e intentar acceder por el otro pasillo a la parte delantera del avión.

A pesar de que la tarea es complicada, finalmente consigo llegar a la antesala de la cabina. Mientras trataba de alcanzar a mi compañero, el avión ha vuelto a tomar altura y nos dirigimos ya al pueblo del presidente.

Mi compañero anuncia a los responsables de prensa de la aerolínea que queremos entrar en la cabina. “Ella nunca ha visto una por dentro”, señala. “Pues claro, pero tenéis que esperar, ahora mismo hay mucha gente… además, el presidente está dando indicaciones a los pilotos”.

Nos quedamos a las puertas de la cabina, charlamos y contemplamos el jaleo de azafatos y militares que entran y salen de la cabina, de la clase ‘business’, de los baños. El avión vuelve a girar y yo, que estoy justo al lado de una puerta, veo por la pequeña ventana el suelo. Si ya estaba mareada, ahí lo empiezo a pasar mal. Temblores, sudores, ganas de vomitar…

Lo estaba pasando francamente mal cuando alguien comenta “no encuentran el pueblo, por eso estamos dando tantas vueltas”. Si la situación ya me parecía peculiar, el montar a 100 personas en un avión enorme sólo para presumir de él, aquel momento fue el más absurdo de todos: buscar un pueblo perdido de Salamanca con un aparato como este. Pero… ¿qué narices?

En algún momento, la cabina se despeja, mi compañero me avisa y me empuja hacia adentro. Estoy un minuto ahí dentro, lo que me dejan, y veo al presidente asomado a la izquierda, hablando con el piloto. Acaban de encontrar el pueblo. Miro hacia adelante, veo a los pilotos y una estampa panorámica del cielo y la tierra. También me fijo en el panel de botones y en que el techo es bajo. Siento algo de claustrofobia.

Enseguida me sacan de allí, hay más militares que quieren seguir pasando y de un momento a otro comenzamos a descender para ver el pueblo. Nos avisan por los altavoces y nos asomamos para ver la aldea. Vuelvo a mi asiento con mi compañero mientras el avión sigue dando vueltas.

Nos relatan la historia del presidente, cuándo nació, cómo fundó la compañía, le llenan de halagos y agradecen a los pasajeros nuestra asistencia al evento. Comienza el camino de regreso a Madrid.

Ya estabilizados y todos en nuestros asientos, mi compañero y yo nos disponemos a escuchar las grabaciones a duras penas y a realizar las noticias para nuestros medios. Tengo que tener preparada la información para que una vez pise suelo, la mande y se publique.

Termino de hacer la noticia a mano a pesar del mareo, que persiste. Mi compañero y yo nos ponemos a enredar en las pantallas táctiles que incorporan los asientos, vemos el catálogo de películas, de series, de videojuegos.

También, cuenta con un mapa en donde puedes ver la trayectoria del avión y cualquier punto del planeta. En esas que mi compañero me comienza a hablar de su carrera en el periodismo, de sus aficiones, de que ha escrito varios libros, de que le apasiona la sierra de Madrid…

Y nos anuncian que estamos ya llegando a Madrid. Sigo mareada, me duele el estómago de las vueltas que hemos dados, pero mi compañero se confiesa: “Seguro que con nuestra charla, te has encontrado mejor, se te ha olvidado el mareo que tenías”.

Da gusto conocer a gente agradable.

De periodismo y aviones I

Una de las razones por las que decidí hacerme periodista fue para conocer lugares y experiencias poco usuales sobre las que luego me encargaría de informar; contar qué ocurre detrás de las puertas de un palacio reconvertido en ministerio, cómo es la casa de un escritor o qué ocurre en la grabación de una serie; en definitiva, me gusta lo que se oculta.

En este sentido, he vivido algunas experiencias en los últimos meses que considero merecen la pena dejar constancia de ellas. Por momentos, han sido absurdas, divertidas y curiosas. Acontecimientos que contaré en cenas, bautizos y comuniones de “cuando fui periodista en una agencia de noticias…”. Podré alardear de que subí con el presidente de una de las mayores aerolíneas españolas a un avión y entré en la cabina. Ahí quiero llegar.

El primer acto fue a finales de marzo, principios de abril, no recuerdo, de este año. Acababa de entrar en la agencia de noticias en la que actualmente trabajo y me tocó cubrir la presentación de un avión porque, en resumidas cuentas, ninguno de mis compañeros podía ir.

En sí, el evento consistía en una pequeña charla en tierra para posteriormente subir al avión y dar una vuelta en él. En la redacción me dijeron que la vuelta sería de poco tiempo, alrededor de la pista de Madrid-Barajas. Se quedaron algo cortos…

Llega el día, una semana después de que me confirmasen que voy yo, y me dirijo a Barajas, a la T2. Allí han habilitado una sala en donde se realizará la presentación formal y desde donde saldremos para coger el avión. Una vez encuentro el lugar, me veo rodeada de altos cargos de la Policía y el Ejército, empresarios, trabajadores y colaboradores de la aerolínea, famosos y mucha prensa.

Voy al área donde estaban los responsables de prensa, me informan un poco de lo que va a suceder, me dicen que habrá declaraciones del presidente en algún momento tras la presentación, me dan el billete, la nota de prensa y me siento a esperar a que comiencen los discursos de agradecimiento.

Casi tres cuartos de hora después, comienza el acto y nos comunican que el presidente, una figura bastante mediática, está afónico y no podrá hablar; en cambio, lo hará su hija. Tomo nota de los tres ‘speeches’ que se realizan, incluido el de la descendiente, aunque no saco gran cosa de ahí. Es lo que viene en la nota de prensa y lo que sabía con anterioridad al evento.

Una vez ha terminado la pequeña presentación, los congregados nos ponemos en pie y vamos corriendo al control que han instalado para entrar a la pista de despegue porque, a pesar de toda la parafernalia de evento ‘posh’, seguimos estando en un aeropuerto. Al mismo tiempo, estoy atenta a los movimientos de los periodistas por si el máximo responsable de la aerolínea se decide finalmente a hablar. “En el avión, alguien hablará”, me comentan.

Lo siguiente que sucede guarda alguna semejanza con la escena de ‘La dolce vita’. Los periodistas salen escopetados a tomar la foto del presidente de la aerolínea, con codazos, gritos hacia los compañeros, gritos hacia el presidente, que mientras corta muy sonriente la cinta de inauguración del avión, habla con pilotos y auxiliares de vuelo, y comienza su ascensión al avión, fotos, llega hasta arriba de las escaleras, más fotos. Entra, más fotos. Y detrás, los periodistas que no nos interesa el elemento gráfico y los invitados.

Primero nos colocamos los medios, entre la clase ‘business’ y el resto de los invitados. Se trata de un avión que realiza vuelos transoceánicos, así que hay tres filas de asientos con tres butacas. A mí me asignan la butaca del centro en la fila de en medio, sin ventana, sin pasillo. Aquello me parece claustrofóbico.

Una vez sentados, nos informan de que el avión pasará por el aeropuerto de Salamanca, sobrevolará la ciudad y nos dirigiremos al pueblo del presidente, que se encuentra por la zona. Al pueblo con un avión enorme…

El siguiente paso es despegar, todo normal, como cualquier vuelo comercial, hasta que una vez en el aire, comienza a salir comida. Jamón, cava, zumo de sandía y aperitivos llenan los carritos de los azafatos mientras el presidente se levanta para dar una vuelta por el avión saludando. Muestra su entusiasmo y orgullo por el aparato que acaba de poner en el aire.

Mientras mis compañeros y yo tenemos un ojo puesto en la comida y otro en los paseos. “¿Pero va a hablar?” preguntamos. “Está afónico, no creo”, nos contestan. Así que mi acompañante y yo nos ponemos a comer y a hablar, a contarnos la vida para que, sin embargo un par de minutos después, la masa de periodistas se concentre al inicio del avión y a bocajarro asalte al presidente, afónico.

Allí que me voy, corriendo, enciendo la grabadora y estiro al máximo el brazo por encima de las dos filas de asientos. No escucho absolutamente nada, sólo su murmullo quejumbroso acompañado del ruido de los motores del avión y rezo a quien haga falta para que se graben las declaraciones en esa forma tan ortopédica que acabo de adoptar.

Parece que terminar de hablar, apago la grabadora con la intención de volver a mi posición, veo que mi acompañante, también periodista, me hace un gesto para que le deje la grabación porque no ha podido llegar al lugar de concentración, pero alguien hace otra pregunta y todos nos volvemos locos de nuevo. Esta vez mi brazo ya no alcanza, alguien ha conseguido mejor posición que yo. Aún doy gracias a una periodista que se dio cuenta de la situación y cogió mi grabadora para colocarla junto a la suya, más cerca del presidente. La verdad, me salvará porque de ahí será de donde saque la mayor parte de la información.

El velo “es un castigo para las mujeres porque saben”

Para Nawal El-Saadawi, existe un paralelismo entre la diosa Isis y Eva, ambas poseedoras de conocimiento y capacidad de acción. En el primero de los casos, la diosa egipcia es la que rescata a su hermano de la trampa tendida por Seth; en el segundo, Eva encarna la curiosidad por saber qué hay más allá de lo ya conocido.

Con esta metáfora, El-Saadawi explica que el velo en Egipto “se introdujo por Isis, nuestra diosa del conocimiento. El dios varón se enfurece con las mujeres que saben. Ellas deben ocultar su cabeza porque el cerebro es pecaminoso y una vergüenza”.

Esta idea, que se recoge de manera más detalla en su libro “La cara desnuda de la mujer árabe” (en inglés “The hidden face of Eve: Women in the arab world”) se enmarca dentro de un encuentro que se celebró el martes 3 de mayo de 2016 en la Casa Árabe de Madrid con otras tres mujeres, Wassyla Tamzali, argelina y especialista en cuestiones de género, Nieves Paraleda, profesora de la Universidad Autónoma de Madrid, y Eva Lapiedra, profesora en la Universidad de Alicante.

La atención durante la charla a cuatro se centró prácticamente en la conversación, las coincidencias y, en especial, las diferencias entre El-Saadawi y Tamzali, quien reconoció tener cierto sentimiento de fracaso, con el surgimiento de movimientos como el feminismo islámico. “Hemos luchado para que la mujer entre en la política pero las que han llegado a los parlamentos están sometidas al sistema. Por eso hemos fracasado”.

El feminismo islámico se encarga de realizar una reinterpretación del Corán para buscar la igualdad dentro de la propia religión. Sin embargo, en la práctica, según Tamzali, este movimiento buscaría justificaciones en los textos sagrados para justificar y dar respaldo a prácticas propias del patriarcado y que continuarían oprimiendo a las mujeres, como es el caso del velo o de la poligamia. “Jurídicamente, en el Islam, hay obstáculos para la emancipación de las mujeres, aunque las feministas islámicas afirman que se pueden emancipar dentro del islam. Pero se trata de una religión que se basa en la obediencia; no se puede ser feminista e islámica al mismo tiempo; se puede ser feminista y musulmana”.

En esta línea, Tamzali plantea la cuestión de conseguir llegar a ser creyente, de cualquier religión, y tener al mismo tiempo una conciencia moderna. “La religión es una cuestión espiritual pero hay que dejar libertad en esta cuestión para que se pueda decidir y tener libertad de conciencia. Para ello, el enfoque laico es fundamental, ya que ayuda a desconstruir la opresión y permitir la libertad de conciencia, que uno pueda dejar de ser musulmán, cristiano o judío sin que pase nada”.

Nawal El-Saadawi va más allá y, tras estudiar todas las religiones durante diez años, se muestra tajante: “todas las religiones están en contra de las mujeres”. En este sentido, considera que se pierde el tiempo al hablar de religión, una “ideología política, que no tiene nada que ver con la ética y que sirve para justificar las injusticias”.

Une la opresión sexual con la opresión económica y asegura que no se puede liberar a las mujeres si no se libera a un país de la dependencia hacia el exterior. El-Saadawi señala como ejemplo la estrecha relación entre Al-Sadat y Reagan, cuando “todo se privatizó en Egipto. Hoy en día importamos cuatro de cada cinco barras que se consume en el país”.

No obstante, la escritora egipcia se niega a contemplar la posibilidad de haber fracasado y de que su vida, después de pasar por la cárcel y estar en el exilio por criticar aquello contra lo que no se podía hablar, no haya servido para nada. La charla se cerró con algunos mensajes positivos, como el testigo que recogen jóvenes tanto del Magreb como de Oriente Próximo de estas mujeres que lucharon por hacer oír su voz cuando todo lo tenían en contra.

“Yo hoy tengo más fe en los jóvenes. Asistimos a una toma de conciencia de los más jóvenes, no tanto en el feminismo tradicional, pero sí a través del arte, el cine o la música que lanzan imágenes de libertad. Mientras que el movimiento feminista no ha abordado la liberación sexual de las mujeres, sino de manera oblicua, son los artistas los que están tratando este tema en la actualidad”, concluye Tamzali.


A continuación se adjunta una lista de ‘links’ para ampliar los discursos y conceptos que se recogen en este artículo.

“El feminismo laico en las revoluciones y contra-revoluciones árabes”, conferencia a cargo de Wassyla Tamzali y pronunciada el 9 de abril de 2013 en el Instituto Francés de Madrid.

Wassyla Tamzali asegura que la cuestión de la mujer en los países árabes “es política, no religiosa”. Entrevista publicada en el diario Público el 16 de abril de 2012.

“El feminismo islámico no existe”. Entrevista a Wassyla Tamzali publicada en el diario ABC el 27 de marzo de 2011.

“La mujer no puede liberarse bajo ninguna religión”. Entrevista a Nawal El-Saadawi publicada en El País el 7 de marzo de 2011.

Nawal al Saadawi: “Para ser feminista, no basta con ser mujer”. Entrevista publicada en El País el 27 de septiembre de 2015.

Nawal al Saadawi: ‘Hay que adaptar el Corán a la realidad, no la realidad al texto’. Entrevista publicada por El Mundo el 22 de junio de 2008.

“Si muero en Egipto, al menos tendrá significado”. Entrevista a Nawal El-Saadawi publicada en IPS el 23 de octubre de 2009.

Entrada en la Wikipedia sobre el feminismo islámico. Consultado por última vez el 4 de mayo de 2016.

 

 

 

La mujer como icono sexual en la música

¿Qué supone ser una cantante, o actriz o artista, hoy en día? ¿Para triunfar hay que enseñar “carne”? ¿Sólo triunfan aquellas que aparecen en Google semidesnudas? ¿Cómo utilizan su cuerpo? ¿Están emancipadas, viven oprimidas por el capitalismo, una mezcla de ambas situaciones? ¿Por qué la percepción del desnudo cambia tanto si se habla de arte o si se habla de entretenimiento? ¿Rechazar el uso del cuerpo desnudo femenino nos convierte en moralistas? ¿Enaltecerlo, en libertinos? ¿Por qué nuestro concepto del desnudo es tan distinto al de otras épocas históricas? ¿O quizá no lo es tanto?

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‘Skying’ – The Horrors

En diciembre visitaban España uno de los grupos alabados por la crítica británica: The Horrors. Presentaron su tercer disco, Skying, que los viene a consagrar como una sabia elección a la hora de elegir algo nuevo para escuchar. Ritmos pausados, voz fantasmagórica, afinación del ruido, de guitarras suaves y aires de grandeza de los sintetizadores. Skying es un revival del postpunk de los ochenta con un toque personal de la psicodelia más temprana, de aquella época en la que todo valía para ser un hit entre la sociedad revolucionaria.

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Polock: “Estamos deseando parar para componer, grabar y seguir creando”

La Sala Independance de Madrid acogió el pasado sábado en concierto acústico a Polock, una banda de indie-rock formada por cinco valencianos al estilo vintage; pantalones pitillo, zapatos de cordones y pelo alborotado. Un par de horas antes, Punto de Encuentro tuvo la oportunidad de charlar con tres de los componentes de Polock.

Ellos son Papu, Marc, Alberto, Sebas y Pablo, y llevan dos años girando con su disco Getting down from the trees. Estos chicos nos recuerdan a los comienzos de algunos grupos como la banda francesa Wolfang Amadeus Phoenix o a los prestigiosos Artic Monkeys, quienes dijeron en sus inicios que harían un disco, una gira y así sucesivamente.

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